Contemplar atardeceres cúbicos
Meta-poesía sobre construir bloques de bosque y luz.
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Solo yo, suspendido en el vacuo digital, espero a que el universo se cargue.
El atardecer aparece y todo se acomoda. No hay dios mirando. No hay narrador que explique.
El mundo sucede porque lo estoy viendo. Desde donde lo veo, no hay realidad sin experiencia. Espacio, tiempo, materia…
Todo se acomoda según lo que soy capaz de percibir.
El atardecer no está ahí afuera, porque es una forma de sensibilidad que no excede los bordes.
Los bloques, los árboles, la luz del sol… Fenómenos en código, más soy yo quien les da lugar.
En el fondo, esto me queda lejos. Habito un orden que nunca elegí.
Interpreto como mío algo que ya estaba. Soy libre, pero en un terreno prestado.
En este mundo sin moral externa, ¿Soy quien decide lo que vale? ¿Lo que se queda? ¿Lo que destruyo?
No hay mandatos. Solo mi gusto. Mi mal criterio.
Pero incluso ahí, algo de ética se cuela.
Cada estructura que levanto deja una idea fija. Una forma de sentido.
La arquitectura cúbica obedece la lógica que yo creo aplicar.
Cada tono de verde. Cada luz. Son gestos prácticos que se vuelven arte.
Ya después cae la noche. El primer sonido extraño lo rompe todo.
Lo que estaba quieto se vuelve raro. Raro es eso que nos excede aun sabiendo que no es real.
El mundo que construí se abre y se me escapa. Lo miro y no me contiene.
Ahí me tiemblan los bordes.
Siento mi poder, pero también mi debilidad. Construyo.
Y todavía tengo miedo.
Por eso, juego. Para recordar que el deseo de control siempre arrastra un resto de incertidumbre. Construyo otros mundos porque quiero que el mío tenga sentido.
Más, sin embargo, cuando el sol se esconde, enciendo una antorcha, para no perderme en la noche.
© Clavier 121225
© El beso de la sardina
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Postscriptum
Académicos, críticos y creadores describen ciertos videojuegos como “poéticos”, pero rara vez se discute qué significa eso o por qué es importante. En Game Poems: Videogame Design as Lyric Practice, el diseñador de juegos Jordan Magnuson, explora las convergencias entre la creación de videojuegos y la poesía lírica, y plantea la propuesta de que los videojuegos pueden funcionar como una especie de poesía al margen de cualquier dependencia de signos o símbolos lingüísticos.
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Las noches que he jugado a Minecraft. Después de ese atardecer cúbico… toca refugiarse.
O luchar contra esqueletos, zombies y brujas.
Hermoso lo que escribiste 🧡