Estera
Te invito a mi ceremonia.
En algunos lugares del planeta, la ausencia de un cuerpo tras una muerte deja a la familia en un limbo, sin posibilidad de realizar las exequias.
Se tiende una estera ceremonial, como si se tendiera un umbral, y se espera.
El duelo necesita una forma, aunque sea mínima.
Según relatos etnográficos, cuando el difunto se pierde lejos (en el mar, en otro país), un bicho, un insecto que cae sobre la estera puede ser aceptado como señal del ausente; no el alma en sentido literal, sino un vehículo simbólico. Algo que permite, por fin, despedirlo.
Entonces ocurre lo más fascinante.
No se aplasta.
No se espanta, se le invita a la ceremonia.
La estera deja de ser objeto y se convierte en frontera.
En salón de fiesta.
Lo radical no es la fantasía de un espíritu en un insecto. Lo radical es el compromiso de tratar esa posibilidad como verdad.
De vivir como si la liviandad tuviera peso.
A veces el duelo no necesita certezas;
necesita una forma, aunque sea diminuta,
para poder seguir viviendo.
© El beso de la sardina. 2026
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